Sobre la toxicidad de la nicotina

La nicotina es un compuesto orgánico alcaloide, soluble en agua y polar, que se encuentra principalmente en la planta de tabaco (Nicotiana tabacum), estando también presente en otras plantas de la familia de las Solanáceas (tomate, berenjena, pimiento, patata). La hoja de tabaco presenta una alta concentración de nicotina en sus hojas (constituye cerca del 5% del peso de la planta). Debe su nombre a Jean Nicot, quien introdujo el tabaco en Francia en 1560. Se sintetiza en las zonas de mayor actividad de las raíces de las plantas de tabaco y es trasportada por la savia a las hojas verdes. El depósito se realiza en forma de sales de ácidos orgánicos.

                  Stampa        Delgold-Tobacco

                                               Nicotina                                                   Planta de tabaco

Si bien la nicotina, como cualquier otro compuesto, puede resultar tóxica a altísimas concentraciones, a bajas concentraciones (niveles de consumo de fumadores y vapers) tiene ligeros efectos estimulantes, al igual que la cafeína. Sin embargo, sí es destacable el potente efecto adictivo, que ejerce al actuar en las áreas del cerebro que forman parte del sistema de recompensa. La nicotina, es un agonista o emulador del neurotransmisor acetilcolina y se une a los receptores colinérgicos o nicotínicos (nAChR) de las neuronas, provocando así que éstas liberen abundante dopamina (conocida como hormona de la recompensa).

Recientemente (Mayer 2014), se ha descubierto que la LD50 (dosis letal 50) de Nicotina aceptada oficialmente por las autoridades (establecida en 50 mg/Kg en ratas) está erróneamente sobrestimada. El Profesor Bernd Mayer de la Universidad de Gratz, llevó a cabo una extensa revisión de la literatura disponible en un esfuerzo para identificar la prueba existente para definir la dosis letal de nicotina en los seres humanos. El doctor no encontró ninguna evidencia científica en establecer tales gramajes para la dosis letal en humanos.

Tuvo que recurrir a referencias bibliográficas de mediados del siglo XIX para encontrar que el establecimiento de la dosis mortal en ese gramaje provino de experimentos independientes de farmacólogos austriacos, que describen síntomas muy peculiares y poco realistas después de ingerir sólo 1-4 mg de nicotina. Por lo tanto, informes basados en experimentos y resultados dudosos de hace 150 años todavía se dan por válidos hoy.

Más interesante aún, el Profesor Mayer informa que el nivel letal de nicotina medido en los exámenes post mortem en estos trabajos, fue de 2mg/ml en sangre, lo que corresponde a 4mg/ml de plasma. Tales niveles corresponderían a la ingestión de 500-1000 mg de nicotina. Se trata de 10 a 20 veces los niveles que hoy son aceptados.

A modo de curiosidad se exponen los siguientes casos reales de intoxicación por Nicotina con finalidad de suicidio (Christensen et al 2013):

Caso 1. Mujer, 36 años, internada en un hospital psiquiátrico, que había ingerido 20 ml de líquido de Nicotina etiquetados como 18 mg/ml, con intención de suicidarse.

El Centro de Información sobre Venenos se puso en contacto 10 minutos después de la ingesta. Lo sorprendente es que a pesar de que la paciente ingirió 360 mg de nicotina, no presentaba síntomas.

Tratamiento médico: La paciente fue ingresada en la sala de emergencias para recibir tratamiento con carbón activado.

Caso 2. La misma mujer que en el caso 1 fue ingresada en el Servicio de Urgencias después de la ingestión de 50 ml de líquido de nicotina etiquetados como 30 mg/ml de nicotina, para cometer suicidio. A pesar de que la paciente ingiere 1500mg de Nicotina, dos horas después de la ingestión los síntomas presentes fueron: dolor abdominal, náuseas, y vómitos.

Tratamiento médico: Carbón activado y observación durante 6 horas.

A las mismas conclusiones sobre la falta de sistemática científica en el establecimiento de las LD50 de exposición tanto oral como cutánea a la Nicotina, se llega de forma independiente el reciente estudio toxicológico realizado por la consultora Bibra (Bibra 2014).

El estudio, verificado por los profesores Riccardo Polosa, Bernd Mayer, y el Dr. Jacques Le Houezec, demuestra que los riesgos de toxicidad aguda oral y dérmica de los e-líquidos comerciales con mayor concentración de Nicotina (24 mg/ml) deberían ser clasificados como categoría CLP 4 – junto con el detergente – mientras que la gran mayoría de los e-líquidos (por debajo de 24 mg/ml) no requeriría de ningún tipo de advertencia de riesgo formal.

Finalmente, el CDC ha reportado que recientemente se han incrementado las llamadas a los teléfonos de información toxicológica por ingestión o exposición accidental a los e-liquids (Vakkalanka et al 2014). De un total de 1700 exposiciones en tres años en EEUU (muy inferior a las reportadas por otros químicos comunes en el hogar como productos de limpieza o medicamentos de agradable sabor), el 42,2% se produjo en niños menores de 5 años y en todos los casos la toxicidad resultó ser mínima y sin ningún tipo de consecuencia, toda vez que la exposición se debe evitar con un correcto etiquetado y sistema de cerrado a prueba de niños. Conclusiones similares a esta han sido reportadas por otros autores (Cantrell 2014).

Respecto a la variabilidad de exposición de los vapers a la nicotina, según la industria tabaquera cada cigarrillo estándar administra entre 0,8 y 1 mg de Nicotina, sin tener en cuenta los efectos de aditivos como los Inhibidores de la Monoaminooxidasa (IMAOs), el amoníaco, el plomo, que se añaden en el proceso industrial y que modifican sustancialmente la absorción y el metabolismo de la nicotina en el organismo (Fowles y Dybing 2003, Killeen 2009).

Los e-liquids al no portar aditivos añadidos proporcionan como máximo la concentración de Nicotina referida en el etiquetado comercial (de 0 a 24 mg en España). De hecho, Goniewitz et al 2013, demuestran que si bien la entrega de nicotina difiere de unos modelos a otros, en todos los casos es menor que la liberada con un cigarrillo normal. Parte de esta variabilidad depende de la forma de inhalar, de la densidad del líquido, de la eficiencia del dispositivo y de otras variables; sin embargo, jamás superará la concentración máxima mostrada en el etiquetado.

De hecho Farsalinos 2013 refiere que el control de las dosis de nicotina, especialmente las altas (18 y 24 mg) en grandes fumadores, es un factor determinante para que se produzca el abandono total del tabaco por el eCig.

Es más, otro estudio del Doctor Farsalinos de 2014, muestra cómo los dispositivos de tercera generación en comparación con los de primera generación son más eficientes en la administración de nicotina y que a pesar de ello, ambos dispositivos suministraron una cantidad muy inferior de nicotina en sangre que un cigarrillo normal. Así el uso de dispositivos de tercera generación permiten al usuario reducir más rápidamente la concentración de consumo, al experimentar un mayor golpe nicotínico o golpe de garganta.

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