MOVE se posiciona en contra de la equiparación del eCig al tabaco

Hace unos días, ante la noticia sobre una posible enmienda procedente del Ministerio de Sanidad para la equiparación del eCig con el tabaco, MOVE envió una carta al Ministro de Sanidad D. Alfonso Alonso expresando su opinión argumentada ante esta posible equiparación, que podéis leer aquí. Hoy, el periódico La Razón, ha publicado el siguiente artículo que os reproduzco a continuación:

Primeras voces en contra de la equiparación del cigarrillo electrónico al tabaco

Cerca de 300 médicos, científicos y sanitarios envían una carta al ministro de Sanidad mostrando su oposición

Francia prohibirá fumar cigarrillos electrónicos en lugares públicos, imponiendo las mismas restricciones que rigen desde el 2007 para combatir el tabaquismo tradicional, dijo el viernes la ministra de Salud, Marisol Touraine. En la imagen, un propietario de una tienda muestra como funciona un cigarrillo electrónico en su tienda de París, el 31 de mayo de 2013. REUTERS/Charles Platiau

Médicos y científicos empiezan a movilizarse en contra de la medida que va a implantar el Gobierno por la que se va a igualar legislativamente el “e-cig” con el tabaco. La Organización de Médicos en Apoyo del Vapeo y los Cigarrillos Electrónicos (MOVE) a la que se han adscrito 300 profesionales exige una legislación propia. “La evidencia médica y científica nos muestra que ambos productos son totalmente distintos, por lo que a la hora de plantear la regulación del cigarrillo electrónico, se debe alejar de la equiparación con el tabaco MOVE pide una regulación proporcionada, coherente y responsable, que permita el desarrollo del vapeo como herramienta de salud pública”, afirma la coordinadora internacional del movimiento, Carmen Escrig, experta en Biología Molecular y Genética. De acuerdo con lo que defiende esta iniciativa, “el cigarrillo electrónico tiene el potencial de salvar 6.000 vidas al año por cada millón de fumadores”, aunque, desde el Comité Nacional para la Prevención del tabaquismo ponen en duda esta afirmación, ya que consideran que aún no existe evidencia científica a este respecto.

En la carta que enviaron el pasado 27 de abril aseguran al titular de Sanidad que “la finalidad de MOVE es dar a conocer, de manera ética y en base a la evidencia científica, la realidad sobre el cigarrillo electrónico”. AludEn a la enmienda que la Dirección General de Salud Pública, dependiente de este Ministerio, planteará al proyecto de ley de segunda oportunidad, reducción de la carga financiera y otras medidas de orden social para equiparar el “vapeo” con fumar. En esta misiva enumeran una serie de puntos según los cuáles explican, de acuerdo siempre con esta asociación, “los beneficios, efectos y riesgos asociados con el uso de estos dispositivos”. Sostienen que no existe combustión, “el principal elemento nocivo del tabaco”; los líquidos que utilizan “son ampliamente utilizados en multitud de productos de consumo humano”. También afirman que “no existe la figura del vapeador pasivo” y hace hincapié en que “varios ensayos demuestran que los cigarrillos electrónicos son de hecho muy eficaces”. A pesar de todas estas reticencias, lo cierto es que este dispositivo es relativamente nuevo -nació en el año 2000- y aún no existen suficientes estudios que reflejen las consecuencias para la salud de su consumo, éste es uno de los principales argumentos de los médicos que apoyan la propuesta del Gobierno de equipararlos.

En primer lugar agradecer que por fin los medios de comunicación se pronuncien al respecto de que existe un gran colectivo de médicos, científicos y profesionales de la salud que no estamos de acuerdo en absoluto en que el eCig sea tabaco y de hecho opinamos que estos dispositivos tienen un enorme potencial como herramienta de salud pública.

Sin embargo, debo hacer una puntualización al respecto de la declaración del CNPT en el artículo. Puesto que la carta va firmada por mí misma como Coordinadora Internacional de MOVE y el CNPT pone en duda la afirmación “el cigarrillo electrónico tiene el POTENCIAL de salvar 6.000 vidas al año por cada millón de fumadores”, les remitiré a la fuente de esta ESTIMACION:

West, R. B. J. (2014). Electronic cigarettes : fact and fiction. British Journal of General Practice, (September), 442–443.doi:10.3399/bjgp14X681253

Artículo escrito por el Dr. Robert West, reconocida autoridad de salud pública internacional y especialista en cesación tabáquica del University College de Londres. Referencia a este a este estudio hacía ya el Profesor emérito del Imperial College de Londres, Dr. Gerry Stimson, también reconocida autoridad de salud pública internacional, en una entrevista concedida el pasado octubre a una emisora de radio española.

Respecto a la argumentación final “aún no existen suficientes estudios que reflejen las consecuencias para la salud de su consumo”, sólo añadir un comentario; comentario que hemos repetido hasta la saciedad en multitud de espacios de información y que no representa más que los hechos:

El tabaco mata 6 millones de personas al año; un ser humano cada 6 segundos. En 12 años de consumo del eCig por millones de vapeadores no ha habido un sólo caso CORRECTAMENTE documentado de patología asociada a su consumo. No conocemos los posibles efectos a largo plazo, pero sí la tendencia que está demostrando el eCig en cuanto a su nocividad, basándonos en el bagaje previo que tenemos en ciencia, del conocimiento acerca de las sustancias que componen los e-liquids. La últimas referencias de los mayores expertos mundiales en la ciencia del eCig estiman que su consumo es de un 95 a un 99% más seguro que fumar cigarrillos de tabaco, en términos de riesgo para la salud a largo plazo.

Por tanto, lamentablemente, el tantas veces recurrido “principio de precaución” se desmorona ante la evidencia aplastante de la mínima nocividad del eCig comparada con el tabaco y la prohibición, destrucción de la imagen pública del producto y del sector “por si acaso”, usada tan a la ligera por ciertos representantes del sector médico, probablemente desembocará en miles de muertes innecesarias, para después llegar a la conclusión, con altísima probabilidad, de que efectivamente el eCig podría haber salvado muchísimas vidas. Ahora expliquemos esto a los millones de fumadores que no accederán al eCig y que morirán por enfermedades asociadas al tabaquismo y a sus familias.

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