No hay más ciego que el que no quiere ver

El presente artículo lejos de ser un reporte científico, es más bien un conjunto de reflexiones personales que me vienen a la mente tras leer las ideas emitidas por el Sr. Simon Chapman, en la Conferencia sobre Control del Tabaco de Oceanía celebrada el 21 de octubre de 2015. Esta persona, adalid mundial de la lucha CONTRA el vapeo, es un frecuente homenajeado e invitado de honor en los simposios sobre control del tabaco del Instituto Catalán de Oncología; la misma persona que se vanagloriaba recientemente de que en Barcelona ya no se veía gente vapeando en las calles ni existían ya tiendas de vapeo.

A mi humilde entender, efectivamente los cigarrillos electrónicos, que a partir de ahora llamaré vaporizadores personales —por aquello de recordar hasta la saciedad a aquellos que se niegan a verlo que NO SON, NI TIENEN NADA QUE VER CON EL TABACO— son la última tecnología disruptiva que enarbola la bandera de la reducción de daños; sí de esas que, cuando se las deja nacer, son responsables de un cambio de paradigma.

No por nada, sino porque la acción profiláctica que producen sería similar a la producida por los preservativos frente al VIH. De igual manera que los “defensores de la salud pública” no van a conseguir que las personas dejen de practicar el sexo o hacer deporte —consumir endorfinas endógenas—, tampoco van a conseguir que las personas dejen de fumar —consumir nicotina exógena que actúa como agonista de la acetilcolina endógena activando la vía de recompensa—.

Más aún cuando nos encontramos ante la droga mejor diseñada de la historia y, para dicho diseño, una industria todopoderosa, con la connivencia de los estados, ha invertido incontable capital durante décadas. Una de las drogas más letales conocidas. Una droga legal…

El tabaco es tan diabólico que hace que personas muy enfermas sigan fumando aun sabiendo que podría ser el último, tan diabólico que aleja la atención de las madres fumadoras de sus bebés con tal de fumarse ese tan necesario cigarrillo, tan diabólico que un gran fumador no realiza viajes transoceánicos porque es inconcebible para él permanecer 7 horas en un avión sin poder fumar. Es tan poderoso que trasciende el instinto de supervivencia y lo anula. A eso nos enfrentamos.

Estos casos que expongo son testimonios reales de vapers que han conseguido abandonar esa droga letal gracias a los vaporizadores personales. Pero si las “autoridades de salud pública” llevan tantos años dedicándose a la lucha contra el tabaco, deberían haber oído testimonios así. Digo oído; porque comprenderlo sólo lo puede comprender un fumador, o alguien con un mínimo de empatía y profesionalidad que no juzgue al fumador como si fuera un débil, infantil e irresponsable drogadicto, sino como lo que realmente es —un enfermo—.

Desgraciadamente, muchas “autoridades de la lucha antitabaco”, muchos neumólogos y cardiólogos en nuestro país, son absolutamente incapaces de sentir dicha empatía hacia sus pacientes y los tratan exactamente así; con condescendencia. Incluso algunos comentan públicamente que si no lo dejan es porque no quieren y que es efectivo que a un fumador le dé un infarto para que se asuste y deje de fumar—sí; absolutamente verídico—.

Afortunadamente, otras autoridades que sí están legitimadas para tratar estos problemas, especialistas en adicciones, neurofisiología, patología dual, etc, (no en neumología, ni en cardiología), también existen. Es una reflexión absolutamente lógica; el tabaquismo no es una enfermedad del corazón o de los pulmones, sino neuroquímica. Luego ¿quienes serían los expertos cualificados para tratarlo?

De igual manera que los preservativos permiten practicar el sexo de forma segura, los vaporizadores personales permiten consumir nicotina de forma segura. ¿O acaso ahora vamos a discutir que los preservativos “preservan” de entrar en contacto con el VIH produciendo una reducción de daños REAL a nivel poblacional? Por simple paralelismo didáctico, los vaporizadores personales “preservan” de que nuestro cuerpo entre en contacto con más de 4000 sustancias tóxicas y /o carcinogénicas.

Por mucho que se quiera disfrazar la Reducción de Daños (THR) como una estratagema de la industria asesina, negar que consumir un producto que porta -4000 sustancias tóxicas reduce el daño, es como negar la existencia del sol. Podrán argumentar que la industria en otros tiempos utilizó tales argumentos en su beneficio y, por supuesto, es deleznable. Además, no dudo de que lo seguirá haciendo; pero eso no hace que la THR sea menos cierta.

A los adalides de la lucha mundial antitabaco les cuesta ver la diferencia entre un filtro o el tabaco light con un “cigarrillo electrónico” como ellos lo llaman. Veamos la diferencia:

Mods Tb

¿Ven ustedes algún parecido con un cigarrillo normal? A todas luces, cualquier parecido es mera coincidencia. Segunda pregunta ¿Han visto ustedes que se vendan este tipo de dispositivos en comercios especializados de venta de tabaco, estancos o similar? Por ahora no; habrá que ver cómo cambia eso tras la transposición de la Directiva Europea, ya que se lo pone en bandeja.

Hasta el momento, más allá de algunos dispositivos ineficientes y desfasados de primera generación —los que sí se parecen a un cigarrillo—, la industria tabaquera no ha echado el guante a este mercado. El enorme mercado de tercera generación, el que realmente está demostrando una efectividad real para abandonar por completo el tabaco —los dispositivos similares a los de la foto— sigue, afortunadamente y en su imprescindible mayoría, en manos del sector independiente y especializado.

Y ahora, la trampa. Es una maniobra muy cómoda, muy mediática y muy falaz, acusar y desacreditar a todo el sector independiente de los vaporizadores personales, tratando de hacer creer a la opinión pública que está dirigido por las tabaqueras. Pero eso, simplemente, es falso.

Si estas personas, como otros grandes doctores, se hubieran molestado en hacer su trabajo e informarse mínimamente de lo que hay detrás, se habrían percatado de una realidad asombrosamente simple.

Por mucho que les pueda parecer un cuento de hadas, esta vez, tanto la irrupción de estos dispositivos en la sociedad, como el origen de su mercado, no proviene de una oscura maniobra de las tabaqueras y es fácilmente comprobable, si se quiere comprobar, claro. Semejante argumento podría tratarse ampliamente de “Conspiranoia”; un término muy de moda últimamente en todo este conflicto.

Los vaporizadores personales surgieron de la necesidad de los fumadores de poner remedio a un problema que, ni las autoridades sanitarias, ni las políticas antitabaco, han podido solucionar en años, mientras seguían muriendo y muriendo sin cesar.

La tecnología y la innovación, una vez más, nos han dado unas armas revolucionarias para que la sociedad ataje un gravísimo problema de salud pública y puesto que las “autoridades pertinentes” estaban demasiado ocupadas criminalizando al fumador, la solución y la revolución tuvo que venir inevitablemente liderada por el propio consumidor.

Por supuesto, Dios me libre de criticar los esfuerzos de las autoridades de salud pública contra el tabaco. ¡Faltaría más! ¡Las tasas de tabaquismo caen! A base de carísimos medicamentos “revolucionarios” como la Vareniclina, empaquetados planos, fotos de pulmones necrosados, impuestos del 80% en cada paquete de tabaco que legítima y convenientemente van a parar a las arcas del estado, políticas de exclusión y señalar con el dedo al fumador hasta hacerle sentirse como un apestado social, la gente cada vez fuma menos en los países desarrollados.

¡Ok! ¡Funciona! Las tasas de tabaquismo caen un increíble 3% en 5 años en España. También habría que estudiar de qué manera y qué otros factores han podido influir en ese descenso del tabaquismo…ahí lo dejo. ¿Y quién se pone la medalla en China? Ahí lo dejo también.

Según cifras de la OMS si se implementaran todos los programas de control del tabaco propuestos en el mundo de 2010 a 2013 completamente, a la vez e inmediatamente, se reduciría el número de fumadores a nivel mundial de 794 a 523 millones.

¿Y qué hacemos con los 523 millones restantes? Para estas “autoridades de salud pública” esos 523 millones si no lo dejan es porque no quieren, así que ahí se acaba la discusión. Pero humildemente pregunto ¿Cuál debería ser el objetivo real de las campañas antitabaco? ¿Evitar la nicotina? ¿O evitar la muerte?

Vamos a hacer un ejercicio de la “B” con la “A”, “ BA” y para ello, por muy polémico que sea, nos centraremos en nuestros niños; esos que tanto nos preocupan. El último estudio publicado ayer en Journal of Health Economics, demuestra cómo las tasas de tabaquismo entre los niños de 12 a 17 años están aumentando considerablemente en los países donde se ha introducido regulación que les prohíbe el acceso a los cigarrillos electrónicos:

B: Muchos niños fuman –y hasta el momento las políticas antitabaco no han conseguido evitarlo–.

A: Las propias “autoridades de la lucha antitabaco” reconocen que “los cigarrillos electrónicos” son mucho menos tóxicos que el tabaco. Pero, por si acaso, por defender a nuestros jóvenes de la temible nicotina, tenemos que prohibirlos sí o sí.

BA: Una vez prohibido el eCig los niños vuelven a consumir tabaco. Una sustancia que porta 4000 sustancias tóxicas más que el eCig. ¿Cuál es más probable que los mate?

Lamento ser tan políticamente incorrecta al hablar de “nuestros niños” pero no se me ocurre otra manera de describirlo de forma más gráfica. Sé que, con estas palabras, me van a llamar de todo menos “bonita”; sé que me van a acusar de justificar e incluso alentar la dependencia juvenil a la nicotina. Nada más lejos de la realidad. Nadie en su sano juicio querría que su hijo consumiera ningún tipo de droga. Pero el hecho, es que los esfuerzos de las “autoridades de la lucha antitabaco” no han conseguido hacer desaparecer el tabaco de la faz de la tierra y los niños, por mucho que nos pese, van a continuar cayendo en sus garras, al menos, a medio plazo.

Los estudios del Sistema Nacional de Salud inglés llevados a cabo por la Doctora Linda Bauld, demuestran que los adolescentes que utilizan los vaporizadores personales son, en su práctica totalidad, exfumadores. Como muestra el estudio anteriormente mencionado, por mucho horror que pueda causarnos, estos niños están consumiendo un producto infinitamente menos tóxico y si se lo retiramos volverán al tabaco tradicional. Ese sí mata.

La otra arma arrojadiza de las “Autoridades Antitabaco” es acusar a diestro y siniestro a los Doctores que defienden la THR de Conflicto de Interés, una vez más, de estar financiados por las tabaqueras. Este tema daría para escribir, al menos, el Libro Gordo de Petete. Sólo dejaré una pregunta en el aire ¿Ponen el mismo empeño en demostrar los nexos con las compañías farmacéuticas en las terapias antitabaco? La terapia con Vareniclina y sus efectos secundarios ha sido, cuanto menos, puesta bajo sospecha. Y no dudan en promocionarla y recetarla a los cuatro vientos, ni se ponen en entredicho los conflictos de interés de los doctores que la han investigado con fondos de las propias farmacéuticas. Es fácil caer siempre en la trampa simple y la falacia de juzgar a las personas y no los argumentos. Además, es muy mediático y, para qué nos vamos a engañar; funciona. Si no puedes desprestigiar un argumento, desprestigias a la persona que lo defiende y eso en prensa queda precioso.

Sin embargo, el tiempo, tarde o temprano acaba poniendo las cosas en su sitio y, obviamente, ha llegado un punto en que no se puede negar la evidencia sin hacer el ridículo. Autoridades, como el propio Sr. Chapman, no tienen más remedio que reconocer públicamente que no se puede negar que el eCig es mucho menos tóxico que el tabaco. ¿Qué será lo siguiente?

Siguen utilizando el argumento de que no se conocen los efectos a largo plazo; pero hay algo que no entiendo. Si aceptamos que es mucho menos tóxico que el tabaco…a nivel poblacional…eeee ¿Aceptamos eCig como animal acuático? Porque ese argumento del “podría ser” no se aplica a miles de productos de consumo comercializados. Como dice el Dr. Bernd Mayer, afirmar que “la seguridad de los cigarrillos electrónicos no ha sido probada”, es una verdad eterna aplicable a todo y, por lo tanto, carece de sentido. No se puede probar la ausencia de daño. Los cigarrillos electrónicos, como cualquier otro producto, tienen que ser considerados como seguros, siempre y cuando no haya evidencia de daño y, por el momento, tras 12 años en el mercado, no existe tal evidencia. Sin embargo, sí existe evidencia de su baja toxicidad respecto al tabaco. Es cuestión de tiempo.

Y…la madre del cordero. Probar la evidencia sobre la capacidad de los vaporizadores personales avanzados para reducir las tasas de tabaquismo. Según la bibliografía, ya hay indicios claros de que así es…los ensayos controlados aleatorios están en proceso. También es cuestión de tiempo.

Desgraciadamente los testimonios de miles de vapers asegurando que desde que probaron estos dispositivos no han vuelto a tocar un cigarrillo no son suficientes ¿Cuándo ha ocurrido eso con cualquier otro producto que se haya comercializado para dejar de fumar?.

Sólo por mera curiosidad científica, por simple empatía hacia sus pacientes, por tener contacto directo con esos que son su sujeto de estudio, esos a los que dicen ayudar e incluso salvar…cualquier persona que se considere “defensor de la salud pública” debería ver este vídeo, consultar este enlace y después…meditar.

¿Y si esta vez sí fuera verdad?
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3 comentarios en “No hay más ciego que el que no quiere ver

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